La conocida nebulosa de Andrómeda y la gran espiral de Canes Venatici se cuentas entre los más notables objetos que dan un espectro continuo; y por regla general, las emisiones de todas las nebulosas que por la enorme distancia presentan la apariencia de cúmulos estelares brumosos son de la misma especie. Sin embargo, sería muy apresurado concluir que son realmente agregados de cuerpos similares al Sol. La improbabilidad de tal inferencia ha aumentado mucho por las explosiones estelares en dos de ellos, a un intervalo de un cuarto de siglo. Porque es prácticamente seguro que, por distantes que sean las nebulosas, las estrellas son igualmente remotas; luego, si las partes constituyentes de las primeras fuesen soles, los orbes incomparablemente mayores por los que su débil luz es obstruida casi totalmente deben ser, como ha argüido el señor Proctor, de una escala de magnitud que la imaginación no puede concebir.
Escrito por Agnes Mary Clerke, historiadora inglesa de la astronomía, en 1893. Una época en la que las galaxias no se conocían como tal - estaban clasificadas como nebulosas - pero en la que se habían observado que algunas de ellas tenían forma de espiral. En algunas de éstas nebulosas espirales, se habían observado estrellas que estallan, pero por ese entonces no se tenía claro si dichas nebulosas espirales eran o no otras galaxias aunque la idea tenía gran difusión en esa época.
Hoy se sabe que dichas explosiones estelares eran en efecto de estrellas de otras galaxias, eran supernovas.